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BECKETT, Charlotte

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BECKETT, Charlotte

Mensaje por Charlotte M. Beckett el Miér Oct 26, 2016 5:26 pm

Ministerio Británico de MagiaCiudadano Mágico

Charlotte M. Beckett


Charlotte Mia Beckett 24 Mayo 2015 Londres, Inglaterra Licántropo   Mestiza

Sin empleo formal - Hogwarts / Ravenclaw Loba Willa Holland

Datos Familiares


Charlie Beckett Anne Beckett / Muggle Julie Beckett  / 36 años / Hufflepuff Albus Potter / 36 años  / Slytherin Emily  Potter / 16 años / Ravenclaw
Zachary Potter / 14 años / Ravenclaw


Historia



Charlotte fue la segunda hija de Charlie Beckett y su esposa, Anne. Su padre era mago, pero su madre era una muggle. Después del nacimiento de su hermana mayor, Julie, que había demostrado heredar la magia de Charlie, Anne había sufrido sabiendo que su hija pertenecería a un mundo en el que se había producido una guerra contra los que eran como su hija, no demasiados años atrás. Tal vez por eso, el miedo de que otros hijos pudiesen heredar el gen mágico, los Beckett no tuvieron otro bebé hasta mucho tiempo después, cuando Anne ya había empezado  a entender el mundo en el que su marido. Por eso, entre Charlotte y Julie hubo una diferencia de casi 13 años.

Charlotte nunca se libró de la sensación de que Anne no quería que el gen de la magia también surgiera en ella. Pero en los primeros recuerdos de Charlotte, siendo ella una niña de apenas tres años, estaban las historias del Castillo que su hermana le contaba antes de irse a dormir, en las noches de verano. ¿Cómo podía no soñar con ir a dónde ella había ido? ¿O hacer las mismas cosas que su padre podía hacer con una varita, elevar objetos, encender fuegos o desaparecer sin dejar rastro? No, ella quería ser bruja. Y con cinco años, demostró que efectivamente, para todo el miedo de su madre, ella también podía hacer que algo levitase. En concreto, las flores dentro de un jarrón, que cayeron sobre su hermana mayor, en una de sus estancias en casa antes de partir a Hogwarts.

Ese es, en realidad, el último recuerdo que Charlotte guarda de Julie viviendo en la misma casa. Por aquel entonces, no se enteró de mucho. Sabía que sus padres estaban preocupados por algo, pero la barriga cada vez más grande su hermana, que crecía de manera alarmante a ojos de la niña, que la veía cada vez que los visitaba, no le decía nada. Ni siquiera le parecía real lo que contaban  sus padres, que de esa barriga abismal de Julie iba a salir un bebé. No lo creyó hasta que le mostraron a la niña, una cosa berreante que a Charlotte no acabó de gustarle. Se veía demasiado pequeña para ser una tía, tan joven como su propia hermana para ser madre. Y además, sabía que ese bebé era la causa por la que Julie ya no volvía a casa con ellos. Con los años, por supuesto, el bebé fue creciendo, y tanto ella, llamada Emily, como su hermano Zachary le gustaron un poco más. Con el tiempo.

A medida que pasaban esos años, Charlotte se fue interesando por los libros muggles que su madre guardaba en la estantería. Muchos de ellos hablaban de enfermedades y de sus remedios, del interior de las personas, de operaciones. En un principio, Charlotte no acababa de entender tampoco por qué era todo tan complicado para los muggles, teniendo en cuenta que a su padre le bastaba con un movimiento de varita para curar cualquier herida que ella pudiera hacerse. Cuando preguntó a Charlie por qué él no podía ayudar a los muggles, simplemente dijo que así no eran cómo funcionaban las cosas. El mundo muggle y el mundo mago estaban condenados a estar separados. Ella no lo comprendió, pero de los libros de medicina muggle sí sacó algo en claro: quería ser sanadora.

A los once años, como todo el mundo esperaba, Charlotte recibió la carta de Hogwarts. El Sombrero la colocó en Ravenclaw, la primera en la familia en acabar en esa casa, aunque no sería la última. Llegada a la escuela, destacó entre sus compañeros por sus habilidades mágicas. Era una muy buena alumna, excepcional incluso. Nadie dudó que tendría un buen futuro al salir de la escuela, y algunos pensaban que en el fondo, era un poco desperdicio que la niña siempre estuviera convencida de acabar en San Mungo, y no en el Ministerio. Pero más allá de sus notas, había algo que también la hizo conocida entre los alumnos de sus cursos: una curiosidad enorme hacia el mundo muggle. La asignatura de Hogwarts no le bastaba, siempre que encontraba a alguien hijo de muggles le preguntaba todo lo posible del mundo del que provenía. Hacía tiempo que su madre había dejado de contestar a sus preguntas, por lo cual satisfacía su interés con libros y preguntas no muy discretas.

Se graduó y entró de becaria en San Mungo, en la planta de daños provocados por hechizos. Sin embargo, duró tan solo unos meses. Al cabo de ese tiempo, presentó su renuncia, lo cual sorprendió a todo el mundo. Nadie más que su familia conoció sus intenciones de marcharse una larga temporada al mundo muggle, y en concreto, a las zonas más necesitadas del mismo. Así fue como puso rumbo a África, dónde observó de primera mano la pobreza y el dolor que jamás en su vida había conocido. ¿Por qué lo hizo? Ni ella misma lo sabía. En el fondo, intuía que más que aburrimiento con el mundo mágico- lo que alegó en sus cartas a la familia- era porque jamás había olvidado las palabras de su padre. ¿Por qué ella no podía usar su don para curar a los niños enfermos en apenas un segundo? ¿Por qué tenía que ver morir de hambre a la gente? Su instinto le decía que lo hiciese, pero sabía que eso sólo le ganaría un boleto a la prisión mágica más cercana. Así que se resignó a tratar de paliar el sufrimiento como si fuera una voluntaria muggle. Como si estuviera cumpliendo algún tipo de deuda con el universo, por tener un don que los magos, egoístamente a su parecer, mantenían oculto.  
Al mismo tiempo, siguió manteniendo algo de relación con el mundo mágico, aprendiendo por su cuenta las artes curativas, e intercambiando conocimientos con magos que se cruzaban en su camino.

A los dos años volvió a Inglaterra. Iba a ser una visita temporal, no tenía pensado renunciar a su labor. Pero antes de que pudiera contactar con nadie de la familia, recibió una carta de una vieja compañera de curso, Cinnamon. Ella la citaba en una zona apartada, para pedirle, según decía, su ayuda. Charlotte no pensó nada de eso, más allá que tenía que responder, y se apareció en el linde de un bosque a la hora acordada. Unos minutos más tarde, el mundo entero se sumió en la oscuridad.

Cuando despertó, solo sentía dolor. Tiene muy borrosos los días posteriores a su ataque, y de ese mes, sólo recuerda la explicación que le dio el alfa de la manada a la que ahora, tanto si quería como si no, pertenecía. Cinna había querido su ayuda para curar a un miembro de los licantropos, confiando en que ella sería discreta y en que pronto dejaría el país. Pero los miembros de la manada rival habían aprovechado su encuentro para atacarlas, y aunque Cinna la había salvado, el veneno del lobo ya estaba en sus venas. Si esa historia le pareció un tanto extraña, decidió no cuestionarla. Sabía que la opción de seguir ayudando a los muggles le estaba vetada ahora, y que la sociedad maga, como bien le decían los miembros de la manada, la rechazaría y le cerraría todas las puertas. Y más importante, su familia tendría que vivir con ello. Su madre, que ella sabía estaba contenta con que Charlotte se hubiese alejado del mundo mago, vería el daño que le había hecho.

Así, tomo la decisión de quedarse con la manada. Al cabo de un tiempo, se convenció de que en el fondo, sólo había cambiado a unas personas necesitadas por otras. Charlotte atendía a las heridas de los lobos, los curaba cuando estaban enfermos, y en definitiva, procuraba por ellos de la misma manera que lo había hecho antes con los muggles. Siguió estudiando por su cuenta, y aprendió a ver a los miembros de la manada como su nueva familia, la anterior, que creía que aún estaba en África, ya empezaba a olvidarla. Enamorarse de uno de los lobos, Ethan, fue el último paso. A los dos años de estar en la manada, Charlie ya casi no se cuestionaba la moralidad de estos en conducir sus asuntos, puesto que veía claramente que ellos eran los maltratados de una sociedad que no quería entenderlos.

Por eso no se lo pensó mucho al acompañar a su manada en el ataque a Hogsmeade. Si secuestrar a un par de niños significaba mejorar su vida, ¿por qué no hacerlo? Pero había subestimado, incluso tantos años después, la capacidad de crueldad de sus compañeros. Quizás podría haber dejado pasar el pequeño cadáver de la niña a la que mataron, o la profesora que se murió por interponerse en su camino. Pero, en medio de la confusión, observó claramente como su propio sobrino, Zach, caía victima de uno de los lobos. En ese momento quiso acercarse y ayudar con la hemorragia de su cuello, que amenazaba su vida, pero en vez de eso, observó de lejos a su otra sobrina encontrarlo. Eso fue la gota que colmó el vaso. Charlotte se alejó del ataque y fingió haber acabado su cometido allí. En realidad, estaba viendo la cara más horrible de la manada, ese mundo al que había entrado y del que ya no sabía escapar.

Desde entonces, Gale  ha asumido el control.  Charlotte está llena de dudas, y una parte de ella desea escapar. Pero sabe que eso no será fácil, tanto por los vínculos que tiene con la manada… por el hecho de que difícilmente la dejarán escapar.


Otros datos



- Cuando el Sombrero se puso en la cabeza de Charlotte, este dudó entre Hufflepuff y Ravenclaw. Y es que Charlie era muy  altruista, incluso demasiado. Vivía por  y para los demás, y no le temía al trabajo duro por tal de hacer que la gente se sintiera mejor. Pero al final, se decantó por la sed de conocimientos que presentaba la Charlie de once años, y que aún sigue presente en ella. En cuanto al altruismo, con los años transcurridos en la manada, se ha convertido en una preocupación exclusiva hacia aquellos que conforman su manada. Incluso ha perdido el rumbo en cuanto a compadecerse de aquellos que no formen parte de ella, aunque muy de vez en cuando, una parte de ella aún pugna por preocuparse.

- Le gusta ejercer de "madre" de la manada. Se preocupa en exceso por todos, especialmente si están heridos y enfermos. A veces recibe algo de amor a cambio, pero también ha aprendido a vivir con mucha frialdad.

- Es muy influenciable, razón por la cual fue tan fácil para la manada mantenerla y convencerla para seguir sus medidas. La única decisión real que tomó en su vida fue irse a África, una situación que aún de vez en cuando echa de menos.

- Nunca se ha llevado bien con Albus Potter. Tal vez aún le culpa de que se llevase a su hermana, siendo esta tan joven.

- Dejó de comunicarse con su familia hace dos años, pero espera que ellos simplemente crean que está demasiado ocupada con su trabajo. No sabe si han intentado buscarla.

- Afectuosamente se la llama  Charlie o, para los más íntimos,  Lottie.

- Tiene conocimientos de magia africana, así como de otras culturas del mundo mágico, a través del estudio de libros.

- Lo único que guarda de su familia es un punto de libro, con una flor seca en él. Se lo hizo su padre tras su primera muestra de magia: es una de las flores que le echó encima a su hermana.

- Se transforma con cada luna llena en un lobo con el pelaje marrón oscuro, casi negro, y los ojos dorados con motas verdosas.







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Re: BECKETT, Charlotte

Mensaje por Nevermore ϟ el Miér Oct 26, 2016 6:20 pm

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