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AINSWORTH, Iron

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AINSWORTH, Iron

Mensaje por Iron Ainsworth el Mar Oct 18, 2016 6:33 pm

Ministerio Británico de MagiaCiudadano Mágico

Iron Ainsworth


  Iron Evan Ainsworth 3 / Enero / 2014 Lancashire, Inglaterra Humano Mestizo

  Docente Profesor de Historia de la Magia Hogwarts | Gryffindor Águila Matthew Bell

 

Datos Familiares


  Nehemiah Ainsworth | 89 | Hufflepuff | Fallecido Euphemia Ainsworth | 92 | Ravenclaw | Matriarca de la familiaBenjamin Ainsworth | 63 | Hufflepuff | Fallecido Grace Ainsworth | 57 | Hufflepuff | Fallecida Faith Ainsworth | 33 | Gryffindor | Desheredada (paradero desconocido)


 

Historia


  Aunque la infancia de Iron estuviera marcada desde temprano por la tragedia, con la muerte de sus padres en un accidente a la tierna edad de dos años, no se puede decir que fuera un niño infeliz. Más bien, justo lo contrario; tras el terrible acontecimiento, él y su hermana fueron trasladados a la tutela de sus abuelos paternos, donde fueron criados entre sedas y oro.

Ventajas de pertenecer a una familia de dinero en abundancia.

Los vagos recuerdos de su vida anterior —el abrazo de su madre, la risa de su padre, su casa en el centro de Lancaster— no tardaron en fundirse en el olvido. Sus primeras memorias —al menos, aquellos que conservaría en la adultez— fueron aquellas con los que empezó su vivencia en la mansión del noroeste de Lancashire. Reminiscencias dulces, cálidas. Fue criado con exquisito mimo, siempre bajo la atenta mirada de su abuela. De los dos niños que llegaron a casa, fue el pequeño Iron siempre el eterno favorito. Claro que lo era; en su mente tierna y manejable era mucho más fácil insertar el férreo dogma que constituía el núcleo familiar: la fe católica.

Porque sí, si por algo eran conocidos Euphemia y Nehemiah además de por la riqueza que ostentaban, eso era su religiosidad. No había domingo en el que no se presentaran en la capilla construida en sus propios terreno, una vez el reloj marcaba las nueve, para recitar sus oraciones dominicales. Para el más joven de los Ainsworth resultó fácil aprenderlas: eran claras, repetitivas y no constituían mucho esfuerzo. Por no hablar de las recompensas que recibía cada vez que las entonaba sin equivocarse.

Su hermana, en cambio, no llevó tan bien el cambio. Era más mayor y recordaba mejor su antigua vida. Quizá por eso, mientras que el niño era manso como un cordero, ella era intranquila, rebelde. Cuestionaba todo: cada enseñanza, cada rezo, cada discurso. Temeridades que no sentaban bien a su abuela, de modo que eran habituales las peleas en casa y tanto o más frecuentes castigos. Y, mientras el niño la contemplaba fregar los pasillos con un cepillo de dientes mascullando improperios, aprendió mucho de ella. La lección más importante: a Dios no le gustaban las preguntas.

Se respiró alivio generalizado en el hogar cuando Faith inció sus estudios en Hogwarts. Con ella allá en el colegio, donde otros serían los que aguantarían sus impertinencias, la paz reinaba desde septiembre a junio. Ni una sola vez la niña quiso volver a casa, y tampoco hubo insistencia por parte de los tutores por que lo hiciera. Durante esos periodos, Iron disfrutaba de la tranquilidad y los mimos como un auténtico monarca. Al mismo tiempo, su abuela aprovechaba la falta de interrupciones para moldearlo a su antojo.

Los años pasaron con velocidad asombrosa y pronto fue él el que recibió la invitación al castillo. Para entonces, se había convertido en un jovencito recto, maduro y elegante. Encandilaba a los adultos con sus modos exquisitos, se relacionaba con prudencia entre lo mejor de sus semejantes y ya desde primer año empezó a asentar las bases de un expediente brillante. Centró en esta última labor el mayor de sus empeños, con el fin de desvincularse de su hermana, que iniciaba su último curso aquel año. Para más inri, en la misma Casa que él había sido elegido, la de los leones.

Y es que volver a estar bajo el mismo techo no contribuyó a que se acercaran, con abuela de por medio o sin ella. Su relación era más semejante a desconocidos que a familiares y tenían personalidades tan diferentes como la noche y el día. No es que a él le importase tal detalle; no tenía interés en emprender un acercamiento a esas alturas. Más bien, al contrario. Recibió la distancia como un regalo, uno importante. Espacio para labrar su propio nombre y fama. Todo iba en buen camino.

Y entonces, llegaron las vacaciones de Navidad de su primer año. Fue la primera vez que Faith volvió a casa, y sería también la última. Acudía con una noticia importante, que decidió dar justo en Nochebuena: tenía la firme intención de comprometerse con uno de sus amigos del colegio, que provenía de una familia de pocos recursos. No sólo eso, sino que además era licántropo. ¡Y pensaban casarse! Euphemia montó el cólera ante aquella noticia, bramando que había llevado la desgracia a la familia. Para el desayuno de Año Nuevo, los Ainsworth contaban con un miembro menos.

Su hermana no regresó al colegio después de las vacaciones. De hecho, no volvió a verla después de que se fuera de casa. El hecho no le afectó en absoluto. Siguió con su vida escolar, graduándose del primer año más que satisfactoriamente. Fue uno de los alumnos más destacados, el ojo derecho de los profesores, el orgullo absoluto de su abuela. Las recompensas que recibió ese verano excedieron con cualquier otro precedente. Antes de darse cuenta, ya empezaba segundo año y su trayectoria se mantenía firme.

Y en ese momento su mundo se dio la vuelta.

Todo fue culpa de... Llamémoslo J. Llegó a su vida una desafortunada noche durante el tercer año, cuando se quedaron encerrados en un armario por circunstancias casi accidentales. En cualquier caso, aunque supo que jamás se llevaría bien con él, por algún motivo no fue capaz de sacárselo de su cabeza. Un extraño zumbido que permanecía en lo hondo de su mente y que, en un momento determinado, le hizo temerse lo peor. Aquel fue un punto de inflexión que, si bien no llegó a cambiar su vida radicalmente, sí que supuso un antes y después.

A partir de cuarto año, Iron empezó a tener novias. Quizá estaba envalentonado por la fama de alumnos brillante que se había creado y la libertad que tenía al estar lejos de casa, o simplemente era pura curiosidad. En cualquier caso, pasó los siguientes años con menor rectitud de la que los adultos pensaban. Pero, ¿qué importaba? Era joven e inteligente, de modo que no tenía problema a la hora de rendir cuentas para los adultos. No, sin duda, los problemas vinieron de otra dirección. Nunca tuvo problema para conseguir chica y, aún así, no conseguía mantener sus relaciones por mucho tiempo.

También ignoraba la presencia de J, que por algún extraño motivo parecía haber tomado fetiche en molestarle. Del mismo modo que con su hermana, trabajó para establecer distancia entre ellos, aunque no era sencillo. Aún así, logró su cometido con cierta eficacia... Hasta que las hormonas decidieron intervenir.

A sus dieciséis años, Iron Ainsworth descubrió que era homosexual.

Fue, sin duda, una revelación bastante chocante, al menos en el sentido moral. En el físico, descubrió que no tenía mucho problema. Ahora bien, era consciente de que ese conocimiento ponía en jaque su hasta entonces minuciosa posición a ojos de su familia. Conocía de sobra sus opiniones sobre la materia y había visto con sus propios ojos lo extremos que eran sus abuelos respecto a sus creencias. Por supuesto, no tuvo otra alternativa más que esconderlo, si bien eso no le impidió tener nuevos romances. Romances igual de secretos.

A la delicada situación de su sexualidad no tardó en unirse una nueva preocupación: ¿qué haría al terminar Hogwarts? Euphemia, por supuesto, tenía varias alternativas y todas aspiraban a altos puestos de la sociedad, muchos de ellos con personas estrechamente relacionadas con su familia. Iron, que no tenía grandes ambiciones respecto al futuro, optó finalmente por dedicarse a la enseñanza que, siendo una materia plenamente valiosa a los ancianos ojos de su abuela —así tocaría muchas mentes jóvenes y las inspiraría a seguir caminos menos pecaminosos—, no le metía de lleno a una sociedad en la que no quería estar.

Tomada esa determinación, al terminar el colegio emprendió una serie de viajes por toda Europa para aprender de diversos eruditos y autoridades académicas sobre la historia mágica. En total, su viaje duró cerca de seis años, en los que se empapó de muchísima información. Durante el proceso, fue distanciándose sentimentalmente de su familia, conforme se daba cuenta de la inmensa carga de culpa con la que tenía que lidiar por algo que no era capaz de evitar.

A sus veintitrés años regresó a Gran Bretaña y pasó su solicitud a Hogwarts, su alma máter, para iniciar como becario de profesor. Continuó con su formación ahí hasta los veinticinco, cuando logró finalmente convertirse en el profesor titular. Lo hizo, además, en un año crítico, pues tuvo que despedirse de sus alumnos antes de tiempo debido al ataque durante el festival de primavera, que no llegó a presenciar. Actualmente, ejerce ese puesto durante su segundo año.


 

Personalidad y anexos


  De un primer vistazo se puede ver que ha tenido una buena crianza; hay pocos más encantadores que él, especialmente con las damas. Es extremadamente educado, muy caballeroso. A veces parece un galán salido de una novela clásica, el típico príncipe azul. Esto, que le ha grajeado muchas simpatías desde que era pequeño, también llevaba enrevesada su dosis de problemas: hombres que creen que quiere seducir a sus mujeres y, peor aún, mujeres que se dejan seducir por su  supuesta gallardía.

En un círculo más cercano, se le verá como un hombre honesto y cordial. Siempre tiene una actitud controlada, es una de esas pocas personas que no suele perder los nervios —o, al menos, no se le nota. Tiene una buena disposición a la hora de hablar, es un gran conversador, y aún más excelente oyente. Goza de una memoria excelente, no sólo para los aspectos de su empleo, sino también para rostros, nombres, problemas y confidencias. Eso sí, como contrapunto, es bastante reservado, no suele hablar mucho de sí mismo. Cuando lo hace, es fácil darse cuenta que está un poco chapado a la antigua: tiene gustos clásicos, ideas clásicas. A veces sus orígenes estrictamente católicos le traicionan pero, en fin, nadie puede ser perfecto.

Ni siquiera él, aunque no se puede negar que lo intenta.

No hay mucha gente que conozca al Iron que está detrás del hombre respetable que es, o que más bien pretende ser. No es ni tan formal, ni tan trabajador, aunque sí es tremendamente ambicioso, si bien su codicia se enfoca únicamente a un aspecto: el dinero. Su único objeto en la vida es lograr su herencia y poder gastarla a placer. Además, su propio autocontrol tiende a extenderse al resto de aspecto: no le gustan no tener clara la situación, ni las sorpresas.

Para desgracia de muchas, tampoco es el caballero estoico que parece. El Iron real es un poco más dramático de lo esperado, incluso un poco pomposo, si bien con el tiempo ha aprendido a mitigar esa faceta de su personalidad. A pesar de que prodiga simpatía, incluso cariño, estos son superficiales y pocas veces llega a sentir afecto real. Es demasiado problemático, y él odia todo lo que supone problemas. Prefiere su zona de confort y por eso evita tanto peleas como relaciones profundas. Y no hay nada que le desagrade más que el conflicto —no sólo porque no es un fan del dolor—, sino porque supone un gasto de energía inútil.


— Su bebida favorita es el té, aunque en los últimos tiempos ha desarrollado cierta adicción al café.
— Entre sus hobbies se encuentran: leer (obviamente), ir al teatro, visitar museos, pasear durante los días soleados, cocinar (aunque no tenga muy buenos resultados)...
—Es un peso ligero respecto al alcohol. Después de una pinta de cerveza, ya puedes verlo tambalearse. Con tres, está completamente KO.
— Suele afeitarse para los eventos importantes. Sin embargo, cuando se trata de dar clase, prefiere dejarse cierta barba para tratar de parecer mayor. Desventajas de aparentar menos edad.
— Su amortentia huele a leña quemada, pergamino viejo y flores de aciano.
— Durante su tiempo en Hogwarts, participó en la Sociedad de Ajedrez Mágico, el Club de Gobstones y el Coro del Sapo. Nunca se le dieron muy bien los deportes, y sus pruebas al equipo de Quidditch durante el segundo año fueron un absoluto desastre. Ahora bien, necesitaba una excusa para eludir a las chicas (“¿El viernes? Lo siento, el viernes no puedo, tengo que ensayar...”).
— Tiene como mascota un perro, Baxter, que durante su estadía en Hogwarts se queda en casa de sus abuelos y en los meses de verano vive en su apartamento en Londres. También tiene su propia lechuza, Ollie, la encargada personal de su correspondencia.
— Su Boggart es una forma nubosa, muy vaga, que va tomando forma conforme pasan los minutos. Nunca ha llegado a revelarse por completo, pero Iron sabe que se trata de un ángel. O, más bien, la versión monstruosa de uno.
— Aunque profesa públicamente la religión católica, no cree en Dios, ni en algo parecido.



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Re: AINSWORTH, Iron

Mensaje por Nevermore ϟ el Mar Oct 18, 2016 9:36 pm

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