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OAKBY, Kaya

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OAKBY, Kaya

Mensaje por Kaya N. Oakby el Jue Dic 28, 2017 9:28 am

Ministerio Británico de MagiaCiudadano Mágico

Kaya N. Oakby


Kaya Narelle Oakby   15 Noviembre 2006 Leicester, Gran Bretaña   Humano Mestiza

Sociedad de Ayuda a los Squibs Sub-líder Escuela Muggle N/A   Katie McGrath

Datos Familiares


Bernard Oakby / Gryffindor / Dueño de Productos Oaky Maud Oakby / Ravenclaw / Oficina de Ley Mágica Internacional Sean Oaky Berenice Oakby / Ravenclaw / Líder del SAS


Historia



Querida Berenice:

Es complicado pensar que alguien que apenas ha empezado a vivir pueda saber lo que es el odio. Una rabia que te consuma por dentro, hasta el punto en que solo te deja la impotencia de saber que no importa lo que hagas, siempre vas a sufrirlo. Con once años no se esperaría que alguien pueda experimentar eso.
Pero yo lo sentí.
Nuestra infancia, estarás de acuerdo, no fue mala. Nunca vivimos nada que se pueda considerar  traumático. Nuestra familia era asquerosamente feliz, incluso cuando ignorábamos que teníamos una bisabuela squib, a la que todo el mundo tachaba de loca por querer cosas como que los niños sin magia fueran a Hogwarts. Qué tontería, ¿verdad? ¿Cuántas veces se rió Papá de eso? Estoy segura de que a más de un detractor tuyo le habría encantado saber que pasamos la niñez escuchando que a Idris Oakby se le iba la cabeza por momentos, y que esos comentarios no venían precisamente de alguien ajeno a nosotros.
Tienes suerte de que no me guste hablar con la prensa.
Mi desgracia fue más bien simple. Estoy segura de que a muchos niños de todo el mundo les gustaría que su único problema en esta vida fuera no recibir una carta. Pero menuda carta, ¿no? Hagamos un ejercicio: imagina que toda tu vida depende de que una pluma mágica en un castillo encantado decida que puedes asistir a clase. En ese momento está la línea que te separa de ser una persona normal o un ciudadano de segunda, que solo podrá ser de primera si abandona todo lo que conoce y se marcha a vivir con un colectivo al que llamamos- desdeñosamente, incluso hoy- muggles. Visto así, la cosa cambia un poco.
Siempre había esperado ser como tú. Me pasé cinco horas mirando un jarrón el día antes de nuestro cumpleaños, esperando que se rompiese. No lo hizo, y aún así, guardé la esperanza hasta que vi llegar solo  una lechuza. Una, y allí terminó todo.

Y aún me sigues recriminando que no fuera a verte el día en que te marchaste. ¿De verdad no te bastaba con esos meses, viéndote rondar con la túnica de Hogwarts, la varita nueva, y devorando un libro de hechizos tras otro? ¿Querías que viera centenares de copias de ti, apunto para ir a un mundo que jamás conocería? Eras, y sigues siendo,  muy egoísta.
No pienses que te odiaba por como eras, pero. Hasta entonces, no había hermanas que se quisieran como tú y yo. Y no habías cambiado: seguías siendo esa niña de mente despierta, perfeccionista hasta el cansancio, pero que me contaba historias divertidas por las noches, hasta que las dos nos atragantábamos de la risa. Era lo que representabas lo que aprendí a odiar. Supongo que no es culpa tuya, en el fondo. Es la sociedad, dirían algunos. Pero no puedo odiar a algo tan inconcreto como eso.

¿Por qué querías que abriese tus cartas? ¿Para que tuviera que leer lo bien que se lo pasabas allí, mientras Kaya, la pobre niña squib,  se veía forzada a escuchar a sus padres tratar de elegir un colegio muggle para ella? Nunca entendí porqué volviste tan enfadada, ese verano. Tendrías que haberlo entendido, aunque fuera un poco. Pero por lo menos, pude cumplir mi sueño. Rompí ese jarrón. Solo que encima de tu cabeza. Supongo que si hubiera sido algo mágico, Papá y Mamá no se hubieran enfadado tanto. Pero bueno, en esa casa, los objetos no duraban rotos mucho tiempo. Y las cabezas tampoco sangraban demasiado.
Pero me mandaron a vivir con Idris, de resultas a aquello. Para ser una vieja loca, la mujer tenía buenas ideas. Excelentes ideas. Allí empecé a odiar a Papá, por hacerme creer que las cosas que ella quería no eran posibles. ¿Ves, como el odio se puede repartir?.
Su casa se convirtió en mi Hogwarts particular. Idris me enseñó  lo que un squib podía hacer, a pesar de no contar con magia.  Hay asignaturas que no necesitan realmente de magia para ser estudiadas:  Aritmacia, Estudios Muggles, Runas Antiguas, Historia de la Magia… Pero tras cada una de ellas, había una clase a la que nunca podría asistir. Había algo agridulce, detrás de cada cosa aprendida. Así ha sido mi vida: siempre he tenido la sensación de tener algo amargo en la punta de la lengua, a cada momento, a cada logro conseguido. ¿Ahora soy yo la egoísta? Años después, me dirías que tengo que estar contenta por cada niño squib que se pone el Sombrero en la cabeza.
Bueno, nunca me lo pusieron en la cabeza a mí. Es muy fácil decir a los otros como deben sentirse, cuando se sabe qué es que te hablen en el oído y te digan, “Eres lista, Berenice. Ravenclaw será tu hogar. “
Yo nunca tuve hogar. ¿A qué casa habría ido? Nunca sabré la respuesta.
Por lo menos, hice que esa cabeza sangrase.

Lo más cercano que tuve a una casa fue el SAS. Me lo quedé porque era lo único que tenía. Podría haber sido camarera, supongo, y morir quemada como esa squib de las Tres Escobas, hace un año. Pero no, para mí, en la herencia de la bisabuela, fue el SAS. En ese momento, volví a querer a alguien de mi familia. Porque ella fue la única que supo que yo necesitaría algo que hacer. Algo importante.
Pero luego llegaste tú, con tu Ministerio, y con Hermione Granger. Y dijiste: “Mi hermana lo pasó muy mal. Voy a luchar en su nombre. Voy a luchar en nombre de ese colectivo, a pesar de no saber nada sobre sus desgracias.”
Mi hermana me eclipsó de nuevo consiguiendo que los derechos de los squibs se hicieran efectivos, y por tanto relegando el SAS a una asociación benéfica sin nada que hacer. Agridulce, ¿no?
Durante todo este tiempo, he  llevado las cuentas, dirigido actos y hecho discursos, pero no he sentido que estuviera haciendo algo de valor. ¿Qué sentido tenía, si mi  maravillosa hermana ya estaba consiguiendo todo lo que los squibs necesitaban? A medida que pasaban los años, me fui  sintiendo cada vez más como una especie de humano en piloto automático, una persona que no servía para nada en el gran conjunto de las cosas. Una squib más en una sociedad de magos.

El cierre de la Oficina de los Squibs me ha despertado de un letargo muy largo. Me siento así: como si me hubiesen levantado de la cama tras lanzarme un cubo de agua fría. No tengo pareja, no tengo hijos, no tengo otro trabajo, no tengo amigos. Solo tenía el SAS, y esas personas que me seguían. Era su líder. Una líder de un coñazo de eventos, pero algo, al fin y al cabo. Y tu me lo has quitado, porque, ¿quién sino Berenice iba a llevar el SAS? Y los que yo creía mis amigos y subordinados te aplauden con las orejas.

Nunca vas a leer esta carta, porque si lo hicieras, probablemente no me querrías cerca. Yo tampoco querría a nadie que aún sueña en cómo se te abrieron los ojos cuando el jarrón te dio de lleno en la cabeza. Hasta ahí, punto para ti. Es lógico, es normal. Me gusta pensar que lo que siento yo también lo es. Me has usurpado lo único que tenía en la vida, has permitido que todo lo que hemos avanzado hasta ahora se fuera por la borda. ¿Crees que culpo al Ministro? No. El Ministro recogió los votos que tú no pudiste conseguir.  No  lloro de felicidad cada vez que un niño squib pisa Hogwarts, pero cada niño que no lo haga vivirá como yo. Puedo entender  eso.

No creo que tú puedas.


Otros datos




— Tiene los mismos conocimientos que cualquier graduado en Hogwarts en las asignaturas que no requieren varita: Aritmancia, Runas Antiguas, Historia de la Magia… también conoce la teórica de muchas otras asignaturas mágicas.

— Conoce bastante bien el callejón Knockturn. Y es mejor no preguntar sobre eso.

— La única persona que recuerda con cariño de su familia es Idris Oakby. Su madre siempre la ha sentido distante, su padre es una broma de ser humano, con su hermana... si has leído lo de arriba, lo entiendes, y su otro hermano es algo así como el fantasma de las navidades presentes: solo aparece en casa por esas fechas.

— Tiene un amplio abanico de conocimientos inútiles: cuánta comida se necesita para cien personas, como hacer un discurso de abertura sin aburrir a la masa, la vida y obras de todos los squibs relevantes... Bueno, son útiles para llevar una organización benéfica, pero cuando eso desaparece, ya diréis.

— Lo único bueno que rescata de eso, es su capacidad de manejar la economía. Podría montar cualquier evento con cien galeones, y aún le sobraría uno.





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Re: OAKBY, Kaya

Mensaje por Duendecillos el Jue Dic 28, 2017 2:09 pm

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