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LESTRANGE, Alyssa

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LESTRANGE, Alyssa

Mensaje por Alyssa Lestrange el Lun Abr 03, 2017 9:55 pm

Ministerio Británico de MagiaCiudadano Mágico

Alyssa Lestrange


Alyssa Ravenna Lestrange 06, 12, 2025 Londres, Inglaterra Humano Limpia

Hogwarts / Ravenclaw Desconocido Espectador Ninguna India Eisley

Datos Familiares


Razdan Lestrange Rosier / Fallecido Catherine Gramont Axel Lestrange / 16 años / Slytherin Ragnar Lestrange / 17 años / Slytherin / Delegado Lorraine Lestrange / 17 años / Slytherin


Historia


Los niños del armario

Ya ha amanecido, o eso creo. La verdad no es mucho lo que puedo ver desde el armario. Mi hermano me ha encerrado aquí para protegerme del enfado de papá. Es un buen lugar para esconderse, papá suele venir a la alcoba a buscarme y nunca me encuentra. Anoche lo hizo una vez, estaba muy molesto porque alguien hurto de su despacho la pluma encantada con la que suele corregirnos. Ese alguien he sido yo –Aunque sea mi hermano quien se haya echado la culpa-, se la he dado de comer a las sirenas del estanque de nuestro jardín y no me arrepiento. No me gusta escribir con ella, ni tampoco me gusta que lo haga mi hermano.

Las bisagras de la puerta rechinan al girarse. Alguien acaba de entrar a la habitación. Mi cuerpo reacciona por inercia, agazapándose en el suelo y acurrucándose en el regazo de Axel. El todavía duerme, sentado contra la pared del closet y con su mano sobre mi espalda, cuidándome aun entre sueños. La persona recién llegada asecha, sé que no es papá porque él no es tan silencioso… Cuando las puertas de madera se abren, es la sombra de mi madre la que nos cubre. Ya no tiene las heridas de los golpes de papá pero tampoco luce bien, ni mucho menos feliz. Sin ánimo para ternuras me alienta a levantarme del suelo y despierta a mi hermano con una suave sacudido en el hombro.

Debemos arreglarnos, dice, pues un gran día nos espera. Esa noche vendrán a vernos señores importantes del mundo mágico y ellos deben ver a la feliz familia que somos… o por lo menos a la que fingimos ser.
Mi hermano responde de mala manera, pero rápidamente se calla, siempre es así, las palabras de mamá suelen ser más efectivas que los propios hechizos que usa para cubrir las heridas del rostro de mi hermano…

La sangre es más espesa que el agua

Según lo que me cuenta mi institutriz, yo soy Alyssa Lestrange, y eso significa mucho. Mi familia ha existido desde hace siglos, manteniendo un linaje sangre pura que ha sobrevivido a guerras, persecuciones y desprecios. Hoy por hoy, quedamos muy pocos de los nuestros, “los nuestros, “los puros” quiero decir, y no nos queda nada más que el orgullo de serlo y la convicción de mantenernos  unidos para seguir siendo fuertes.  

Yo no me siento fuerte. Ahora mismo mi garganta me raspa y mi frente me arde. Es la misma fiebre que no me abandona y que siempre viene acompañada de más debilidad.  Hace un mes estuvimos en San Mungo y a como siga sintiéndome así, probablemente volvamos a ir.

Las horas pasan y no me siento mejor. Tengo ganas de llorar en mi cama, pero no puedo hacerlo. Mi institutriz no me dejara ir hasta que termine mis líneas. Voy muy retrasada en mis clases y eso está mal. Mi caligrafía es pésima, a papá no le va a gustar.

Mi madre y mi hermano han venido a supervisar las lecciones. Quiero decirles como me siento pero están ocupados hablando. Un accidente ha ocurrido en la familia. El hermano de papá ha muerto y ahora sus hijos son huérfanos. No tienen otro lugar a donde ir salvo a nuestra casa. Mamá no está contenta por esto y a Axel le viene importando poco… veo que su ceño se frunce cuando me mira y rápidamente pone su mano en mi frente.
Su gesto furioso me produce alivio. Sé que él me llevara a mi alcoba y que no dejara que nadie me obligue a escribir más líneas.

El accidente del conejo

Hace un momento almorzamos todos juntos: Papá, Mamá, Axel y mis primos: Ragnar y Lorraine. Ellos  ya llevan varios meses viviendo con nosotros y la verdad no sé si yo les agrado, pero claramente ellos no me agradan a mí. Mi prima Lorraine es alta y tan bonita que casi duele verla. Me hace sentir como un cachorro desnutrido, con mi complexión flacucha, mi piel pálida y mi sucio pelo de ratón. Ragnar es todavía peor, pues me aventaja en todo, incluso en las pequeñas cosas en las que me consideraba buena, como la lectura en voz alta. ¡No los quiero en casa! Pero Axel si, al parecer.

Ahora mismo lo veo a lomos de su caballo favorito, mirándome con una enorme sonrisa antes de emprender el galope. Ragnar y Lorraine van tras él, tratando de alcanzarlo. Esto se ha vuelto muy frecuente. Mi hermano ahora tiene con quienes compartir esas actividades al aire libre que tanto disfruta y que a mí me hacen tanto daño (Dígase quidditch o montar a caballo…). Yo los acompaño como puedo, a la distancia, sentada sobre una manta en el pasto mientras leo un libro, armo algún rompecabezas mágico o juego cerca del estanque, sacando a las carpas para reventarlas con los pies. A veces voy más lejos y me aventuro persiguiendo a las mariposas que se ocultan entre los árboles.

Esa tarde quisiera hacerlo, pero no hay ninguna mariposa cerca. Todavía falta para que llegue la primavera y el pequeño follaje tras de mi luce viejo y muerto. Aun así es mejor que mi libro… así que mientras veo como mi hermano y mis primos se alejan por el horizonte, yo me levanto de un salto y me dirijo al corazón del bosque.

No hay nadie aquí, ni siquiera los pájaros pues no los escucho cantar.

Tengo que caminar bastante hasta que me topo con un gran búho que descansa sobre la copa de un árbol. Le sostengo la mirada, sopesando la idea de regresar por mi camino o molestarlo, pero entonces el parece adivinar mis pensamientos y salta desde lo alto, abriendo sus grandes alas y bajando en picada hacia mí.

Por instinto me cubro la cabeza, arrojándome al suelo.

Veo por encima de mi hombro como el búho continua su vuelo, persiguiendo a una familia de esponjosos conejitos. La gran mayoría de ellos logra escapar, pero el más pequeño no tiene tanta suerte, siendo pescado por las garras del ave.

Suelto un grito al ver aquello y me incorporo a medias, alzando mis manos como si pudiera alcanzar al animal… y de hecho, algo así pasa, pues un pequeño torbellino de viento creado por mi atrapa al búho, haciéndolo girar sobre su eje hasta que se digna a soltar al conejo.

Sin dudarlo, corro hasta el lugar donde ha quedado el roedor. Es diminuto, el más pequeño de la camada, y ahora definitivamente el más débil. La sangre mancha su pelaje y su respiración es irregular. Lo cojo con una mano, notando como intenta saltar fuera de ella, sin fuerzas para lograrlo.

No hay nadie a mí alrededor a quien pedir ayuda, y el resto de los conejos ni siquiera se ven a la distancia. Pongo al animalejo sobre mi regazo, sin saber que mas hacer. A veces, cuando los caballos están enfermos, Axel se queda con ellos a tranquilizarlos con caricias hasta que se sienten mejor. Sé que mis caricias no van a ser suficientes para ese conejo, así que ni siquiera lo intento, solo me quedo a acompañarlo en su larga agonía.

Murió cerca del atardecer… y al amanecer del siguiente día, también murió mi padre.

El tesoro de papá

Ahora que mi hermano y mis primos se han ido a hogwarts, paso demasiado tiempo sola... Ya he recorrido todo cuanto hay en la mansión Lestrange y a sus alrededores. Solo me queda un lugar por transitar, uno al que papá no me habría dejado entrar jamás: la bodega donde deposita sus colecciones.

Sin demora, bajo la escalera saltando de dos en dos, satisfecha del ruido que hago y que anuncia mi llegada. No importa mi escándalo, papá ya no podrá escucharme.

Con la euforia de un aventurero, corro por los polvorientos pasillos, empujo cajas de basura (al menos en apariencia) y descorro telas blancas que ocultan muebles, cristaleras, cuadros y estatuas.

La magia vibra en cada cosa que toco, casi puedo escucharla, palpitando al unísono de mi propio corazón.

De la nada, una melodía comienza a sonar por sí sola, me llama, me atrae hacia la última habitación. El lugar apesta a amoniaco y azufre, pero ni siquiera eso me detiene de seguir avanzando. Descubro que el origen del sonido es una vieja y polvorienta caja musical,  la cual dejo de emitir su melodía apenas la toco. Quiero volver a escucharle, pero por más que trato de abrirla (con mis manos, con magia, con golpes, con herramientas), nada funciona…

Tengo que abandonar el sótano antes que mamá llegue a casa, pero por merlín que regresare.

La falsa primavera

Tras un largo verano en Francia, por fin hemos regresado a casa. Todos están de buen humor, incluida yo. Han sido unas muy buenas vacaciones. Axel y yo fuimos  a un sinfín de lugares, Ragnar  me instruyo acerca de todo lo que debía saber ahora que entrare a Hogwarts  y Raine (No sé por qué ahora quiere que la llamen así) me ayudo a comprar ropa en París para armar un nuevo guardarropa. Estoy lista para subir al tren, pero todavía faltan un par de semanas para ello.  

Esta vez no he puesto peros a las órdenes de mamá de ir a dormir temprano. Estoy exhausta. Así que me he dirigido directamente a la alcoba de mi hermano. Él me ha encontrado saltando sobre su colchoneta y se ha reído de mi arrebato infantil. Le he dicho que se descalce y se una, pero se ha negado.

Finalmente sucumbo al cansancio y me dejo caer sobre las almohadas, provocando que decenas de plumas de ganso vuelen por todas partes. En vez de bajar al piso, las plumas flotan por la habitación conforme a mi capricho. Hago un movimiento con mi muñeca, creando un torbellino de plumas que se impacta en el rostro de Axel.

Rio en una carcajada, como pocas veces lo hago, y luego veo que el sube a la cama dispuesto a cobrar venganza.

La marca del lobo

Desperté en el suelo, empapada de sudor y con las manos sangrando copiosamente. No sé dónde estoy, pero lentamente reconozco a mí alrededor vidrios rotos, trozos de madera, tuercas y tornillos. Mi pinza y mi espátula están en el piso también, así como un gran trozo de la mesa donde suelo hacer mis inventos…
Estoy en mi laboratorio, en el sótano, solo que el humo a mi alrededor no me deja verlo bien. Me levantó despacio y me arrastro para alejarme tanto como puedo… pero el dolor me tumba de nuevo. Suelto un aullido lastimero. Mi cuerpo arde, mis manos duelen. Tengo muchísimo miedo. Llamó con todas mis fuerzas a mi madre, a mi hermano, pero nadie contesta.

La obscuridad se cierne a mí alrededor. No logro evitar desmayarme de nuevo.

No sé cuánto tiempo dormí, pero fue el suficiente para que mi madre me rescatara y fuera en busca de ayuda. Ahora estoy recostada en una cama desconocida, cansada por el dolor y las pesadillas, incapaz de dejar de llorar. Una sanadora me obliga a incorporarme para beber una pócima que calmara mis sollozos. La bebo con reticencia. No quiero volver a dormir. Quiero ir a casa a que mi hermano me consuele; quiero dormir las pocas horas que faltan antes de ir a la estación del tren; quiero que, cuando menos, mi madre venga a calmarme pero ella me rechaza. Está furiosa y decepcionada, ha amenazado con no dejarme ir a Hogwarts y estudiar en casa.

Ambas mujeres salen de la habitación, mientras que yo, con furia lastimera, golpeo una y otra vez con el puño cerrado el colchón de la cama.

Un niño interrumpe mi escena, es el hijo de la sanadora, quien, sin mediar palabras, tranquiliza mi llanto y me arropa con una frazada.

“No se lo digas a nadie…” fue lo único entendible que pude susurrarle, antes de que la pócima surtiera efecto.

El código de Alyssa

Ha terminado la cena y mi hermano se ha tomado la molestia de acompañarme hasta la torre de Ravenclaw. Le agradezco el gesto con un beso en su mejilla y luego lo despido agitando mi mano enguantada, observándolo hasta que su silueta se pierde al bajar la escalera. Entró a mi sala común topándome con algunas compañeras, a las cuales despido con ligeros asentimientos de cabeza y sonrisas que apenas son una insinuación. Sin contratiempos me dirijo al dormitorio, siendo –como siempre- la primera en llegar a él. Dejo mi mochila sobre el buro junto a la cama y luego abro el cajón del mismo usando mi varita. Un arsenal de frascos llenos de ingredientes y medicamentos tintinea en el interior.

Rápidamente me quito los guantes y me pongo manos a la obra:  Tiro los frascos cuyo interior no surtió el efecto esperado y los reemplazo por nuevos; cambio los ingredientes por otros más frescos; modifico las manecillas de un reloj que no anuncia precisamente la hora y finalmente despedazo un trozo de carne y lo deje bajo la cama como alimento para el gato.

Para cuando mis compañeras llegan al dormitorio no queda ni un solo rastro de mis labores previos, el uniforme esta doblado sobre mi baúl y yo, envuelta en mi bata de dormir, leo tranquilamente recostada sobre mi cama.



Otros datos



- Debido a las constantes enfermedades que tuvo en la infancia, se acostumbró a medicarse con regularidad y por ende aprendió mucho sobre pócimas y remedios naturales. Suele medicarse a sí misma y su umbral para resistir el efecto de cualquier sustancia es más elevado de lo normal.
- Mantiene un régimen de alimentación muy estricto, respetando un horario y una porción muy equilibrada en sus platillos. No come dulces ni ninguna clase de golosina, no le gustan.
- Sabe bordar a la usanza muggle desde los seis años y suele quedarse hasta muy tarde haciéndolo en la sala común... o al menos eso es lo que dice.
- Siempre usa guantes.  Tiene una gran cantidad de ellos para toda ocasión: Gruesos en el invierno, cortos en el verano, azules o grises a juego con su uniforme, de cuero para el trabajo en CCM, herbologia y/o pociones, con encaje para los eventos de gala, etc…
- En su cuello siempre cuelga una cadena dorada con un anillo como dije.
- Colecciona objetos encantados y antiguos retratos. Cada año su hermano siempre la sorprende con piezas cada vez más exquisitas.
- Su curiosidad es inmensa, le encanta desarmar los objetos (mágicos o no) hasta separar todas sus partes y descifrar la manera en la que funcionan. También suele ponerlos a prueba para comprender los límites (físicos o mágicos) de los mismos.
- Tiene espíritu de inventora: así como desarma las cosas, las arma otra vez para crear nuevas.  
- Tiene un mapa mental del castillo bastante completo, ya que ha explorado hasta el último rincón del lugar.
- Siempre lleva una cantimplora circular, de cuero negro, atada a su mochila.
- Es ambidiestra, pero rara vez lo demuestra.
- Miente con demasiada frecuencia. A veces sin razón, o solo para despistar o irritar a la otra persona.
- Destaca en las materias de Transformaciones y Pociones, pero es realmente mala en cuidado de criaturas, vuelo y adivinación.
- Se aprieta las uñas contra la palma de la mano cuando necesita mantener la calma y se muerde el interior de la mejilla cuando se rehúsa a llorar.
- Solo ha llorado 3 veces en toda su vida. En dos de ellas ha estado presente su hermano.




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Re: LESTRANGE, Alyssa

Mensaje por Nevermore ϟ el Mar Abr 04, 2017 2:26 pm

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